domingo, 9 de noviembre de 2014

Ayotzinapa, ¿cuánto horror es demasiado?*

¿Cuánto horror es demasiado? ¿Hay límites para la barbarie?
Ya lo que ocurre en México no parece materia de sociólogos, periodistas o politólogos, pues nuestras herramientas de análisis se revelan insuficientes para explicar la tragedia de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.
De esa población, sede de una remota escuela rural para maestros ubicada en las montañas de Guerrero,  partieron hacia Iguala de la Independencia los 43 jóvenes cuyos cuerpos fueron tirados a un basurero y quemados durante 14 horas, con diesel, gasolina, llantas, leña y plástico, para después fracturar sus huesos calcinados, meterlos en bolsas de basura y vaciar estas a un río.**
Todo, por órdenes de un alcalde arribista impulsado por la izquierda y cuya policía municipal los secuestró y entregó a un cártel del narcotráfico aposentado en esa región donde florece la mariguana y se cultiva con prodigalidad amapola.
Chilpancingo, septiembre 2014 

Hoy habrá que llamar a los antropólogos, sicólogos o filósofos para que encuentren cómo llega el ser humano a esos límites, espeluznantes.
México lleva casi una década sumergido en el terror cotidiano de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, entre feminicidios y desaparecidos (22 mil personas “no localizadas”, dice el eufemismo oficial), y aunque las masacres están terriblemente documentadas como en San Fernando, en ese lapso no hemos llegado a lo que Deleuze llama la normalización del terror… o no habíamos llegado.
Cuando a fines de 2006 en la redacciones mexicanas tuvimos que decidir qué hacer ante la noticia de que un bar de Uruapan, en el estado de Michoacán, habían tirado cinco cabezas, nadie podía haber imaginado la espiral que seguiría y que hoy nos tiene frente a la movilización social más grande de los últimos años, movida por la indignación y el azoro.
Esa movilización tocó anoche a las puertas de Palacio Nacional, donde un grupo violento pretendió prenderle fuego e irrumpir en la sede del Ejecutivo, quien se encuentra de gira en Asia y Oceanía, intentando darle otra narrativa al país, otros temas de qué hablar, para poder seguir adelante.
Sólo que las familias de esos 43 jóvenes –todos entre 18 y 22 años, eran la generación de primer ingreso, “los pelones” les llamaban por ese rito de paso que obliga a rapar a quien llega a bachillerato—no aceptan la versión oficial y mientras no se compruebe con estudios científicos que son sus hijos seguirán peleando en las calles por justicia.
Y con ellos millones de personas que se han movilizado en todo México con paros en las universidades (públicas y privadas), manifestaciones y acciones de todo tipo, que incluyen bloqueos de carreteras en Guerrero, Michoacán y Oaxaca, sobre todo.
Así que pese al informe oficial del viernes pasado, Ayotzinapa seguirá como un capítulo sin cerrar, en medio de la peor crisis de derechos humanos que hemos vivido en México en décadas.
Sólo queda dejarle un espacio a la esperanza e impedir que se cumpla esa sentencia de Nietszche en Más allá del bien y del mal: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”.
Por Héctor Zamarrón

* Publicado en El Mundo, http://www.elmundo.es/internacional/2014/11/10/545fd1e2ca47413d438b4579.html
** Textual, del informe del Procurador General de la República a los medios, 7 de noviembre de 2014 (http://bit.ly/1tuJnrc)

miércoles, 8 de octubre de 2014

Lo que no se mide es como si no existiera

A medio camino del trabajo una llamada torció mi rumbo. Era mi jefe preguntando si podía acudir en su lugar a recibir un reconocimiento para Milenio. Él había prometido acudir pero de última hora le confirmaron una entrevista inaplazable, así que esa es la razón que hoy esté aquí, frente a ustedes, como representante del Grupo Milenio para recibir esta distinción del INEGI por la gran cantidad de información estadística que usamos en nuestras emisiones de televisión.
¿No debería darle el INEGI este reconocimiento a economistas, demógrafos, investigadores o incluso responsables de políticas públicas, quienes hacen un gran uso de la información estadística que genera el Instituto?, me pregunté, pero si el titular del Instituto, Eduardo Sojo, asegura que es a través de los medios que los ciudadanos se enteran de la información y los reportes que existen, es porque los medios le dan visibilidad a estos datos.
En una sociedad mediática, donde la visibilidad es el referente, nuestro trabajo como periodistas es destacar los fenómenos de la realidad que consideramos relevantes, es decir, con las noticias hacemos las veces de índices, indicamos qué cambia en sociedad, señalamos tendencias y de ahí el porqué de esta distinción.

En referencia al pasado sexenio, iba a decir en los años más violentos de México, pero lo ocurrido en Tlatlaya y en Iguala, me hicieron corregir, en los años que inició esta espiral de violencia que no cesa, en Milenio encontramos que hacían falta indicadores para contar lo que estaba ocurriendo en los estados más violentos. De ahí nació un indicador que no existía, el recuento mensual de ejecuciones que publicamos a lo largo de siete años. Más adelante, el INEGI comenzó a realizar su encuesta de nacional de victimización y percepción de la violencia y nos ayudó a darle sentido a ese tema.
Porque lo que no se mide es como si no existiera y nosotros, periodistas, reportamos sobre lo existente. No hacemos distinción entre un periodismo de datos, científico, de género, con causa o de investigación, para nosotros la única distinción posible es el buen o mal periodismo, y para ejercerlo se requieren de datos. Hoy en día, una de las instituciones del Estado que no requiere de justificar su existencia por la utilidad obvia de su trabajo, en el INEGI, y da gusto verlo crecer en internet y en sus redes sociales, cuando nuestra sociedad es cada vez más digital.

Los datos nos ayudan a ejercer eso que Carlos Marín define así: “El periodismo debe ser preciso, conciso y macizo”. 
Gracias INEGI.

Leído en la entrega de reconocimientos 2014 del INEGI a medios de comunicación, ciudad de México, 7 de octubre de 2014

lunes, 1 de septiembre de 2014

Las autopistas urbanas son como ríos venenosos

ENTREVISTA POR HÉCTOR ZAMARRÓN 01/09/2014 04:40 AM Ciudad de México Si el espacio vial pertenece a todos los ciudadanos por igual ¿por qué la mayoría de las ciudades le dan más espacio a los carros que a los seres humanos?, con esa pregunta resume Enrique Peñalosa la importancia de discutir el tipo de ciudad en que queremos vivir. Consejero global del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, experto en urbanismo, ex candidato presidencial del Partido Verde en Colombia, ex alcalde de Bogotá, Peñalosa está en México para atender reuniones sobre planeación y desarrollo. En entrevista para MILENIO, Peñalosa asegura que la ciudad de México "está cada vez más mejor, obviamente uno siempre sueña que puede ser mejor, pero veo ciclovías, mejoras en las banquetas, veo más sistemas de buses y carril exclusivo, de manera que creo que ése es el rumbo hacia una ciudad que le da prioridad a los seres humanos, a los peatones, a las bicicletas y al transporte público". Pero también cuestiona, con tacto, a los segundos pisos: - En el mundo ya es claro que las autopistas urbanas destruyen la ciudad. Todas las autopistas urbanas, aun a nivel, son como un río venenoso, que deshumaniza, que destruye el valor de la finca, sobre todo si es vivienda, porque si son bodegas industriales tal vez no, y las autopistas elevadas tal vez peor. Pero si tenemos autopistas, yo hago una pregunta respetuosa, con el amor y cariño que le tengo a esta ciudad, ¿qué justificación ética o técnica existe para no tener buses con carriles exclusivos en ellas? Desde la perspectiva técnica, un bus, un carril exclusivo para buses, aun sin sobrepaso, moviliza mínimo, unas veinticinco veces más personas que un carril para carro. Entonces no se necesita un Ph de Harvard, un comité de niños de 12 años se da cuenta en 20 minutos que la manera más eficiente para utilizar un espacio vial escaso son los carriles exclusivos de buses. Y desde la perspectiva democrática, si es cierto que todos los ciudadanos son iguales, como dice el primer artículo de la Constitución mexicana, pues evidentemente un bus con 100 pasajeros tiene derecho a 100 veces más espacio en la vía que un carro con uno, pero lo curioso es que hoy esas autopistas no se están usando ni técnica ni democráticamente de una manera eficiente. -¿Cómo ve a la ciudad de México? Esta ciudad siempre ha tenido una creatividad especial, ha tenido arte, ha tenido culinaria, ha tenido música. Yo diría que es una de las ciudades atractivas del mundo. Comentaba con mi esposa que ésta es una de las dos o tres ciudades que consideraríamos para irnos a vivir. El DF es fascinante. Barrios como éste, la Condesa, que tiene parques, que tiene banquetas, pero también hay riesgos de destrucción. Uno claramente, los carros en las banquetas son el comienzo del fin de una ciudad. Pero, por ejemplo, el encanto que tiene la Condesa en buena medida tiene que ver con sus ventanas en el primer piso, o comercios y cafés. Los edificios nuevos que están haciendo son muy destructivos, no porque sean altos, que puede ser hasta bueno, sino porque en el primer piso ponen carros estacionados, entonces ponen paredes ciegas. Una ciudad en donde uno camina frente a paredes ciegas es una ciudad terrible, y eso es malo para la seguridad, entonces, cuando en México ahora están hablando de densificar las ciudades, de hacer ciudades más compactas, hay que tener mucho cuidado con cómo se densifica. La medida de evaluar un edificio, una vía o cualquier cosa que se haga en la ciudad, es si esto hace más agradable el entorno, si se puede caminar ahí, jugar ahí, darse besos ahí. -¿Es quizá esa la clave del urbanismo por el que ha peleado durante muchos años? Lo que estamos tratando de hacer es una sociedad democrática, más igualitaria, no es igualdad de ingreso porque ya con economía de mercado eso no es posible, pero sí lograr que se cumpla la Constitución. La democracia no es sólo que vote, democracia es que se cumpla un principio fundamental, es que los ciudadanos sean iguales frente a la ley y si es que eso es cierto el interés general prevalece. Eso no es solo poesía. Hace diez o doce años estuve en Huatulco en uno de los hoteles más lujosos, ahí me llamó mucho la atención que exactamente adyacente al hotel había un gran letrero que decía: “Entrada a la playa pública”, y incluso al salir del hotel a la playa, había un aviso que decía usted está entrando a una zona federal. Y yo me dije, qué maravilla México, la revolución mexicana, la democracia, pero ahora que es estuve en Cancún veo que ahí hicieron exactamente lo contrario, sellaron la playa y los ciudadanos de menores ingresos de Cancún no pueden tener ingreso a la playa, a su propia playa, a la playa de su propio país. Entonces, estas son discusiones que uno cree que ya están superadas y no. Esos desarrollos de Cancún que son más recientes, son menos democráticos que los de Huatulco. Claramente, las autopistas urbanas, son como ríos venenosos, porque los seres humanos no pueden caminar junto a ellas, casi no pueden atravesarlas. -En la ciudad de México se han construido autopistas urbanas con el discurso de que al ser de cobro y pagarlas los automovilistas vale la pena hacerlas, ¿qué opina al respecto? Esas autopistas destruyen el entorno, los ciudadanos de ingresos altos siempre quieren más de esas autopistas porque obviamente no pasan por sus barrios, por las colonias más ricas, sino por las de los de menores ingresos. -¿Qué está pasando en el mundo con esta discusión? Ya es claro que las autopistas urbanas destruyen ciudad, incluso las autopistas elevadas se han venido tumbando en todas partes. En San Francisco, Nueva York, Boston y la más reciente que tumbaron fue el año pasado en Río de Janeiro, 5 km. -¿Cómo distribuir el espacio entre peatones, automovilistas, ciclistas, motociclistas? El recurso más valioso de una ciudad es su espacio vial, uno podría encontrar petróleo o diamantes bajo el suelo de ciudad de México y no sería tan valioso como el espacio vial. Lo que sí podemos recordar es que ese espacio vial le pertenece a todos los ciudadanos por igual, tiene el mismo derecho un ciudadano pobre que no tiene carro o un niño que quien anda en un carro de lujo. Entonces, la mayoría de las ciudades por ejemplo, le dan más espacio no sólo a los carros que se mueven, sino a los carros estacionados, que a los seres humanos y uno se pregunta ¿cómo se decidió eso?, ¿alguien votó, votaron los niños? -Ahora no sólo en carros, también se mueven hasta en helicóptero. Sí, eso pasa en Río de Janeiro… -Y aquí en la ciudad de México. Lo curioso del helicóptero es un caso muy interesante. Uno entiende que 100, 200 o hasta mil personas se pueden movilizar en helicóptero y salir de casa y llegar al supermercado o a la oficina en ese medio, pero claramente si todos los ciudadanos se movilizaran en helicóptero eso no sería posible porque se estrellan unos contra los otros. Pero los carros son tal vez hasta más dañinos que los helicópteros, porque utilizan el mismo espacio vial, compiten por el espacio con los seres humanos, y también ocurre lo mismo que con los helicópteros, si todos los ciudadanos se movilizaran en automóviles la ciudad colapsaría. El sistema funciona solamente en la medida en que una minoría se movilice en carro y cuando hablamos del estacionamiento es bueno recordar lo siguiente: Las constituciones tienen páginas y páginas de derechos, pero ni aun así está incluido el derecho al estacionamiento, entonces es importante recordar que el estacionamiento no es un derecho constitucional, el alcalde o el presidente municipal puede ampliar la baqueta o hacer ciclovías y eliminar el estacionamiento y si le preguntan ¿y ahora dónde nos vamos a estacionar? El alcalde puede decir, es igual que si usted me pregunta dónde va a guardar su comida o su ropa. Ese no es un problema del gobierno, el gobierno no tiene ninguna obligación de dar estacionamiento. Mas aun, algo interesante es lo siguiente. Ya es claro en el mundo que hacer mas vías no resuelve los embotellamientos porque lo que general tráfico es el número de viajes y lo largo de los viajes y no el numero de carros, en resumen, algo que es un poco menos claro y todavía importante es que el transporte masivo tampoco resuelve los embotellamientos, uno podría hacer una línea de metro debajo de cada calle y eso tampoco. Lo único que lo resuelve son las restricciones al embotellamiento o las restricciones al uso del carro en general. En Londres, por ejemplo, cobran por entrar al centro en automóvil. En otras partes se tienen restricciones por el número de la placa, pero la restricción más sencilla es la restricción al estacionamiento. En el centro de Londres, por ejemplo, desde hace 40 años los edificios de oficinas no pueden tener estacionamiento, todo lo contrario a lo que ocurre en el centro de Bogotá o en el centro de la ciudad de México, es un requisito. - ¿Ha avanzado el tema de movilidad? Más que el tema de movilidad, se tiene claro cómo es que debe ser la ciudad porque nosotros no podemos hablar de soluciones de movilidad si no tenemos claro qué tipo de ciudad queremos. Porque es muy distinto el tipo de soluciones si queremos una ciudad más parecida a Ámsterdam o a Houston. A veces hay injusticias flagrantes que las tenemos delante de nuestras narices y no las vemos porque estamos acostumbrados a ellas, por ejemplo hace menos de 90 años las mujeres no podían vota, y a todo el mundo eso le parecía normal, no eran los nazis, era todo el mundo, yo digo que ahora ocurre lo mismo con los buses. Tener un autobús en un embotellamiento es casi tan antidemocrático como no permitir que las mujeres voten y que claramente si todos los ciudadanos son iguales, pues un bus con 80 0 100 pasajeros tiene derecho de prioridad en la vía. Un bus jamás debería estar en un embotellamiento, debería tener siempre carril exclusivo. Digamos que ciudad de México podría resolver muy sencillamente su problema de movilidad con carriles exclusivos para buses en todas partes, eliminando estacionamiento en la calle, restringiendo estacionamiento en los edificios de destino como centros comerciales u oficinas. Es que la movilidad es un problema muy especial, muy distinto de los demás. Es muy distinto porque a diferencia de la salud, la educación, que mejoran en la medida en que nos volvemos más ricos, la movilidad tiende a empeorar. Y segundo es un problema que no se resuelve con dinero o tecnología, es un problema que se resuelve con cambios en nuestro comportamiento. De nada sacamos haciendo muchos sistemas de transporte masivo si los ciudadanos que tienen carro no los usan. - ¿Una concepción errónea de modernidad? Nosotros tuvimos ciudades sin carros por cinco mil años, un niño salía a la calle sin ningún temor, jugaba en la calle. Hay unas cifras maravillosos de un libro que sacó un autor que se llama Peter Norton, en 1900 nadie murió atropellado por los carros en Estados Unidos, no había carros. Sólo veinte años más tarde, sólo veinte años, entre 1920 y 1930, más de 200 mil personas murieron atropellados por los carros, casi los mismos que murieron en la segunda guerra mundial. Entonces, sí claro, cuando los carros aparecen son de los ciudadanos de mayores ingresos, eso les parece lujoso y valoriza los barrios donde había un carro y sin darnos cuenta, les entregamos la ciudad. Creo que ya es hora de recuperarla.

sábado, 5 de abril de 2014

Integración de redacciones

Integración de redacciones
Documental realizado por Álvaro Liuzzi
http://youtu.be/rTw_PGCjtqk
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miércoles, 2 de octubre de 2013

México, el eterno conflicto poselectoral

México, el eterno conflicto poselectoral
  • MÉXICO, EL ETERNO CONFLICTO POSELECTORAL

HÉCTOR ZAMARRÓN


Un cuarto de siglo es el espacio de una generación en el tiempo largo de la política (con perdón de Braudel), y es justo el tiempo transcurrido entre 1988 y 2012, fechas que parecen espejo, doce años antes de la vuelta del siglo y 12 después, pero es también el periodo que marca el inicio del desplome del PRI, su caída y resurrección, con tintes incluso bíblicos.
Y aquí estamos, dos generaciones atrapadas en los resabios que dejó una elección presidencial donde la izquierda pudo acariciar de nuevo el sueño de ganar, sólo eso. Como testigos, una generación que le tocó enfrentar al PRI y pelear por sacarlo del poder y otra que, nacida en los ochenta, despierta a la política para encontrarse con su restauración, la del PRI, por supuesto.
De hecho, así podría resumirse un poco la historia de este cuarto de siglo que arrancó con aquel desprendimiento del PRI, la Corriente Crítica en 1988 y que ha sido recorrido desde la izquierda por dos candidatos presidenciales: Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, 1994 y 2000, y Andrés Manuel López Obrador en 2006 y 2012.
Esas cinco elecciones comparten un crecimiento constante del voto de izquierda, primero, y de la derecha, más tarde, pasando por el establecimiento de un costoso pero poco efectivo sistema electoral que, sin embargo, permitió pasar pacíficamente del debilitamiento del PRI, la pérdida de la presidencia en el 2000 y una recuperación que lo regresó al poder en este 2012.
Sólo que, al igual que en 1988 y 2006, el fantasma del fraude, real o imaginario, campea sobre la política mexicana sin permitir acuerdos y reformas que saquen al país de una economía disciplinada pero sin crecimiento y con un desempleo creciente.
Un candidato derrotado por 3 millones de votos no acepta su derrota reclamando que la elección no se ajustó a los principios constitucionales de certeza, imparcialidad y equidad. Junto con él, la izquierda aplazó el festejo de su mayor triunfo en años y las posibilidades de acuerdos legislativos, así como su transformación interna, en espera de la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Aunque tras este fallo, aún persistirá la recurrente amenaza de una reedición de “¡Al diablo con sus instituciones!”, como clamó López Obrador en 2006, cuando el sistema validó la elección de Felipe Calderón.
Ante ese panorama, cuáles son las alternativas. ¿Seguir atados a un candidato que ya entró a la historia y desde ahí se contempla en una nueva y eterna lucha por la presidencia, cual Sísifo electoral, pues si Lula y Allende compitieron y tres veces fueron derrotados antes de conseguir la victoria, por qué él no?
Atrapados en la protesta, en la izquierda corren los días sin reparar en el cambio mientras un nuevo movimiento estudiantil los rebasa y con una imaginación propia de la primavera, convierte el verano electoral en uno de los más interesantes vividos hasta ahora.
La aparición de #YoSoy132 en la escena vino no sólo a refrescar las campañas, sino que obligó a los partidos y a sus candidatos a incluir las demandas de los universitarios en su oferta política, al tiempo que los jóvenes cuestionaron la ceguera de los medios y su torpeza para adaptarse a una nueva realidad donde la convergencia, la interactividad y el diálogo directo son la norma, y no la rigidez de un sistema semimonopólico de medios electrónicos que padecemos.
Sólo que con ellos ocurre lo mismo. Negados a reconocer el triunfo de quien en las elecciones logró derrotar a la candidata oficial y al líder de la izquierda por un amplio margen, se han sumado a una protesta que pretende resistir la “imposición”.
Entre las acusaciones de fraude mediante las tarjetas electrónicas de Monex y los monederos de Soriana, un PRI que rumbo a las elecciones tiró el lastre de su ex dirigente nacional Humberto Moreira por la borda, atrapado en un atolladero de acusaciones de corrupción y endeudamiento sin límites durante su gobierno, prefiere atenerse a la sanción oficial de los comicios antes de irrumpir con fuerza en la escena mediática.
En este punto es donde se requiere de un crisol que convierta la resistencia antifraude en una poderosa palanca para el cambio, más que dilapidarla en un ejercicio simbólico como se convirtió la “presidencia legítima” en 2006, con todo e imposición de la banda presidencial.
Hacia un nuevo partido
En el mismo espacio temporal que utilizo como referencia para una generación, los 12 años previos al fin del siglo y los primeros doce de éste, cada sexenio ha aparecido en cartelera un nuevo partido que busca representar y agrupar a los inconformes con el sistema.
Así nacieron desde el PRD hasta el Movimiento Ciudadano, el más reciente de todos, pasando por los seudoverdes del PVEM, el PT fundado con el apoyo de Raúl Salinas, Nueva Alianza como partido del magisterio y la maestra Elba Esther Gordillo, lo mismo que aquellos negocios familiares: el Partido Alianza Social y la Sociedad Nacionalista (sobre todo este último).
Y así surgió también el PSD, en 2006, como una suma de lo que antes fueron México Posible, Fuerza Ciudadana, Democracia Social, el viejo Frente Cardenista por la Reconstrucción Nacional y el partido Campesino y Popular, un desprendimiento de la Central Nacional Campesina del PRI.
Esa interesante alternativa, que contendió para la Presidencia con Patricia Mercado al frente y con una agenda fiel a las causas históricas de la izquierda, también terminó por perder su registro y disolverse en una serie de golpes de Estado que terminaron por sepultarlo.
Este cambio de sexenio no es la excepción.
Así también, desde los días previos a la elección, resucitó el debate por la creación de un nuevo partido en al menos dos vías, una de ellas, vinculada al movimiento #YoSoy132.
Quizá de los primero en abrir la discusión fue Enrique Krauze quien, a través de Twitter primero y después en una columna de opinión, propuso a los jóvenes transitar del movimiento estudiantil a una organización política que pueda trascender y recorrer el largo camino burocrático que implica dar a luz un partido, para pelear por aparecer en las boletas electorales de 2018.
En paralelo, dentro de las asambleas interuniversitarias el tema ha gravitado como una posibilidad remota pero siempre presente ante la conciencia de la fugacidad de sus años universitarios y con la experiencia de otros movimientos que desembocaron en la incorporación de buena parte de sus dirigentes en partidos políticos, como sucedió en 1986 con el Consejo Estudiantil Universitario, y en 1999-2000 con el Consejo General de Huelga.
Más que en torno de un partido, la discusión ha sido sobre cómo mantener vivo el movimiento e impulsar su carácter descentralizado, con una importante polémica sobre qué hacer en el futuro.
En otra vertiente, también ex integrantes de partidos políticos como el PAN y del PSD, inconformes con la agenda de campañas y desencantados de las fallidas candidaturas ciudadanas, comenzaron a discutir la creación de una agrupación política desde la vertiente de las redes sociales. Bajo el amparo del Wikipartido, una figura utilizada en otras latitudes previamente, lanzaron la convocatoria por medio de Twitter y Facebook y, de inmediato, tuvieron eco en cientos de solicitantes y con la atención de algunos medios de comunicación. Su experimento marcha con lentitud, pero ahí va, rumbo a la creación de una organización que, quizá con el tiempo, derivará  en un nuevo partido.
Finalmente, hasta un viejo compañero de lucha de Andrés Manuel López Obrador, el diputado Gerardo Fernández Noroña, acaba de anunciar su intención de separarse por completo del Movimiento Progresista y conducir los esfuerzos de su organización hacia la creación de un nuevo partido, el Movimiento de Izquierda Libertaria.
El punto, al final, es trascender la impotencia que deja la eterna y recurrente protesta electoral con su alta dosis de frustración y poca capacidad de propuesta, para encontrar una nueva vía donde canalizar esos deseos de cambio e inconformidad con el estado de cosas.
Es difícil de pronosticar si estos esfuerzos fructificarán o no, sobre todo cuando se han endurecido los requisitos para el surgimiento de nuevas organizaciones políticas. Sin embargo, indudablemente se trata de vías para recorrer caminos democráticos que permitan a una generación, justo ésta, la nacida hacia mediados y fines de los ochenta, hacer que la reiterada promesa del bono demográfico en México se convierta en una oportunidad y no en perpetuar esa condición de “Ninis”.
Si se consigue, sería también una forma prodigiosa de terminar con el derroche que México hace de sus jóvenes, justo en pleno disfrute del bono demográfico, acabándoselos a balazos y en la informalidad. Mejor que sea con votos, ¿no?
(Publicado en Revista Literal)

martes, 23 de octubre de 2012

El manual del miedo

El manual del miedo o el periodismo en tiempos del narco

Managua, 23 de octubre de 2012*


Héctor Zamarrón

¿Cómo hablar del periodismo en México, en un país golpeado por  la violencia, por el narcotráfico, por la corrupción y por la división política?, con esa pregunta comienzo.
   
     No hace falta insistir en que como pocos países en el mundo, México es hoy sinónimo del horror y foco de atención por las nuevas, terribles e incluso macabras formas que ha cobrado la violencia del crimen organizado y su combate.
   
     Más que disertar sobre el tema, sólo quiero compartir con ustedes nuestra experiencia, pues esta ola de terror no es ajena a Centroamérica, que también ha vivido episodios dolorosos, y que de lo aprendido por los periodistas mexicanos quede algo para la reflexión.
   
     En octubre de 2006, cuando apenas asomaba esta nueva forma que cobró el narco, recibimos en la redacción la foto de cinco cabezas humanas tiradas en el piso de un bar en Michoacán. El hecho era condenable y por supuesto, publicable como noticia, pero enfrentarnos a la decisión de difundir la imagen fue diferente, no estábamos preparados para lo que se nos venía encima.

     A partir de ahí todo fue aprender y poner la piel dura para poder asimilar lo que nos ocurría como país, como gremio y como sociedad, porque lo que experimentábamos era sólo reflejo de un cambio dramático en el que también éramos actores.

     Así nació “El manual del miedo", como llamé a la serie de reglas no escritas que los reporteros comenzaron a aplicar en las zonas más afectadas por el crimen organizado. Les comparto sólo algunas.

CUANDO SE CUBRE VIOLENCIA...

1.   No llegas antes que la policía o las fuerzas armadas al lugar de un crimen, aunque te enteres por tu cuenta o aunque te lo reporten los vecinos.

2. En cobertura, nunca te cruzas frente a las cámaras de los colegas y si estás a cuadro, mejor te quitas el anillo de casado, que no sepan que tienes familia.

3. Nunca bautices, pongas motes, apodos o alias a los narcos, aparte de los que ellos mismos o las autoridades utilicen.

4. Nunca publiques información sobre la familia de los narcos, es lo que menos toleran y también ellos viven en el temor cotidiano.

5. Evita hablar de crimen organizado en tus reportes sobre hechos de violencia, eso agrava las penas para los detenidos y, suelen decir, ellos son lo menos organizado que puede existir.

6. Si te invitan a una “conferencia de prensa” organizada por desconocidos, más te vale asistir, aunque el riesgo es que después te tilden de tener nexos con el narco.

7. Debes tener protocolos para tus enviados, tanto para llamadas como para publicación de sus textos o reportajes.

8. Aprende que en cobertura de violencia las “exclusivas” no existen.

9. Teje redes de autoprotección

10. Llegas, grabas y te vas, nunca “calientes” de más una plaza.

11. Desconfía de las autoridades locales (ya ahí está el caso Iguala como muestra).

12. Ubica dónde está la zona militar, puede ser tu refugio en una emergencia.

13. Nunca portes tus tarjetas o credenciales innecesarias, basta con la del medio.

Desde la ciudad de México, instalados en la comodidad del altiplano y lejos del terror que se vivía en el norte y otros estados, era sencillo reportar lo que pasaba en un inicio, pero pronto, todos, incluidos los periodistas de la capital, descubrimos que algo andaba mal, muy mal.

Nos dimos cuenta cuando...

... el horror se materializó en la redacción porque a un  corresponsal lo amenazaban.

... la sugerencia era no firmar notas de violencia, sino atribuirla a la redacción

... o lo mejor era firmarlas para que quedara claro quién era el responsable de la información.

... se volvió común mandar a nuestros reporteros a capacitarse para coberturas de violencia.

... los mismos reporteros solicitaban el Ejército enseñarles a disparar y proteger sus vidas.

Y así, un día  en la redacción:

...  tuvimos que aprender la genealogía del narco en México,  la historia de El Chapo, de El Lazca, de Osiel Cárdenas, de Los Caballeros Templarios, de la terrible Familia michoacana, de La Tuta, de El Chango Méndez.

... y un día tuvimos que aprender el lenguaje de los cárteles y nuestras páginas se llenaron de términos como halcón,  jefe de plaza, levantón --un terrible eufemismo para nombrar a las desapariciones forzadas--, sicario y derecho de piso.

... y un día aprendimos que cuando se cede ante un cártel sólo te queda esperar la orden del siguiente cártel.

... y un día entendimos porqué  la gente de Juárez, de Reynosa, de Laredo, de Monterrey dejó de hablar de cárteles y comenzó a hablar de malosos, malandros, civiles armados.

     Entonces, es que ya teníamos al narco hasta la cocina.

     En 2009, uno de nuestros reporteros de la fuente policiaca, Eliseo Barrón, fue asesinado en el estado de Coahuila, en la Laguna.

     En  marzo de 2010, un reportero y un camarógrafo de MILENIO Televisión fueron levantados  en Reynosa, Tamaulipas. Llevaban cuatro días como enviados, sus trabajos estuvieron en nuestra pantalla antes de su desaparición. Esa vez los sicarios fueron piadosos, los dejaron vivir. Ellos tomaron el primer vuelo de regreso y pidieron no hablar más del tema, así lo consignó nuestro director.

     Descubrimos que el horror es un pozo sin fondo, porque a una noticia terrible sólo le sigue otra  más terrible aún.

     En un corto lapso tuvimos que reaprender el oficio, volver a encontrar la forma de hacer periodismo en las regiones silenciadas por el narco, a buscar reportes en las redes sociales ante el silencio de la autoridad, a protegernos a nosotros mismos.

     Nos rebelamos frente a la inacción y conseguimos la unidad con otros medios, aunque esta sólo  llegó a fuerza de golpes.

     En marzo de 2011, unos 50 medios de comunicación, entre diarios, estaciones de radio, televisoras, y páginas web firmamos un acuerdo para la cobertura de la violencia (http://bit.ly/TZsZxE), intentando agrupar los esfuerzos individuales, o de empresa, hechos hasta entonces para evitar sucumbir ante la ola criminal.

     Firmamos un convenio de reglas simples para proteger a nuestros periodistas, respetar a las víctimas, no obstruir el combate al crimen, con el compromiso de dimensionar y contextualizar lo que ocurría y para solidarizarnos ante cualquier agresión a  los colegas.

     En esencia, ese acuerdo nos hizo compartir y enfrentar en mejores condiciones la pesadilla en que se convirtió la guerra entre cárteles y la política elegida para combatirla, aunque no la desapareció, pues esta aún persiste entre nosotros.

     Al final,  como decía Pedro J. Chamorro Cardenal, cada quien conoce el tamaño de su propio miedo... y de su propia pluma, diría yo.  Nos queda entonces  el aprendizaje de no dejar que éste nos paralice, de combatir al horror con la única arma que tenemos, nuestra pluma.

* Texto leído durante la entrega del Premio de Periodismo Pedro Joaquín Chamorro

sábado, 2 de enero de 2010

Monterrey, entre el amor y la pena

A mí lo regio me viene por línea paterna. Mi Abuela vivió en la calle de Tapia, en pleno centro de Monterrey y se apellidaba Garza Rubio (María del Socorro, por si preguntan), aunque el apellido Garza se acabó en la generación de mi padre.

Llevo años observando de lejos a esa metrópoli, en parte por mi trabajo en dos empresas con raíces en Monterrey (Reforma y Milenio), pero más por los regios con los que me he topado en la vida, gente que vale mucho la pena.

Sin embargo, nunca antes había pensado tanto en esa ciudad como ahora que se encuentra cercada por la violencia.

Monterrey es magnífica a primera vista (bueno, excepto por su clima). Con una historia maravillosa centrada en su pujante industria. La cerveza como origen de un emporio de hierro, vidrio, cartón y acero que con los años se convirtió en el eje del capitalismo regio.

Muchos regios suelen quejarse de su aridez cultural, pero desde fuera no parece tan así. Más allá de ser la tierra de la carne asada, donde según Alfonso Reyes termina la civilización y empieza la barbarie, esa ciudad tiene joyas como el Maco (Museo de Arte Contemporáneo) y el Museo del Vidrio. Sus universidades tienen un excelente nivel, sus museos históricos son bastante dignos y su música tiene como embajadores a Celso Piña y al Gran Silencio. Escritores y artistas como Daniel Sada, Gabriel Zaid, Julio Galán y Federico Cantú hablan por sí mismos.

La intervención urbana que dio origen al Paseo Santa Lucía, con ese canal de 5 km que parte de la Macroplaza rumbo a Fundidora y ese parque lineal en sí mismo, con sus zonas para caminar con un excelente mobiliario urbano, son joyas de las que pocas ciudades gozan en México y, sobre todo, constituyen espacios públicos que democratizan, que permiten el encuentro entre clases.

Los alrededores de Monterrey son más que atractivos, desde su emblemático cerro de la Silla hasta el parque de Chipinque, desde la zona de la Huasteca –a donde algún día iré a practicar deportes extremos, un poco de rappel o de bici, quizá-- hasta la cascada de Cola de Caballo, así como sus pueblos mágicos: Santiago, Mina, Lampazos, Montemorelos.

Monterrey, por supuesto, también tiene sus eclipses y su lado oscuro. Es una ciudad excluyente donde se encuentran --como en ninguna otra parte en México-- las mansiones de San Pedro Garza García y el Club de golf Campestre por un lado, y por otro lado esas viviendas que concentran a miles de pobres y excluidos como en la brava colonia Independencia.

Hace un año todo México se sorprendió del surgimiento de “Los Tapados”, miles de jóvenes que con sus familias salieron a reclamar la salida del ejército de las calles, pagados por los cárteles de la droga que ahora compran apoyo social. Sólo que atrás de esos “Tapados” no sólo está el dinero del narco, también se asoma una sociedad desigual, sin trabajo digno para sus jóvenes.

Quizá sea sólo un prejuicio, pero sospecho que la violencia de los “Tapados” primero y ahora de los narcobloqueos --junto a los tiroteos por controlar la venta de drogas en la ciudad--, tienen mucho que ver con esa desigualdad que campea en la urbe.

Décadas de pujanza económica que fueron aparejadas de una explotación laboral vienen a estallar en estos inicios de la década, como antes lo hicieron en los años setenta de la guerrilla, de esos años tristes del Monterrey que vio al mismo tiempo el surgimiento de la Liga Comunista 23 de septiembre y el asesinato de Eugenio Garza Sada.

De esos años de lucha social que dieron origen al Frente Popular Tierra y Libertad en las faldas del cerro Topo Chico, en esas tierras polvorientas de precaristas e invasores de tierras.

Monterrey es entonces orgullo y tristeza a la vez. De una ética laboral envidiable, casi como aquella que con el protestantismo impulsó el desarrollo en Estados Unidos (cfr. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo), pero aunada a una explotación y a un abandono urbano que hoy aparecen para cobrar cuentas. Es también una ciudad llena de misterios y sorpresas para quienes como yo, la desconocemos tanto que somos capaces de hilar lugares comunes con impresiones superficiales para construir una imagen de ciudad, que quizá no tenga que ver con la realidad pero que nos hace sentir un gran cariño por esa urbe que nació al pie del cerro de la silla y a la que en estas vacaciones llevaré a mis hijos y a mi mujer... se aceptan recomendaciones.

(Un texto original de 2010. Hoy afortunadamente, la violencia le dio una tregua a la ciudad)