Hay diversas formas de ser padre, generalizar es eliminar las diferencias y borrar los contextos culturales, económicos y sociales que enmarcan la experiencia de la paternidad o de su negación, nuevo signo de identidad entre los centennials preocupados por el futuro del planeta y la devastación que la especie humana ha creado en la Tierra.
"Uno de cada tres mexicanos somos padres: 21.7 millones".
Más allá de las diferencias, sin embargo, los datos nos retratan: uno de cada tres mexicanos somos padres, 21.7 millones, menos de los que el sentido común indica pero acordes con una sociedad que comienza a dejar atrás el bono demográfico, según la encuesta intercensal de 2015 del Inegi.
Ser padre es un privilegio —no solo biológico, sino también social— y tanto nos repiten que debemos estar conscientes de nuestros privilegios que más vale aclararlo desde un principio. Un privilegio que va en declive, no obstante, en una gran parte del mundo donde toda una generación está renunciado a la paternidad.
Por lo mismo es imprescindible darle un nuevo sentido a la paternidad, hablar más de ella, investigarla. En la academia carecen de datos precisos sobre las diferentes maneras de ser padre. A la fecha sabemos con precisión que el promedio de hijos de las mujeres pasó de 6.1 en los años 70 a 2.15 en este siglo, en cambio ignoramos cuántos hijos tienen en promedio los padres, ¿los mismos, acaso? A ellos no se les pregunta en las encuestas ni en los censos. Hay que cambiar hasta la forma en que hacemos preguntas, que el Inegi tome nota para sus próximos censos.
"El promedio de hijos de las mujeres pasó de 6.1 en los años setenta del siglo veinte a 2.15 en el siglo XXI"
Las políticas públicas para fomentar nuevas paternidades responsables y solidarias tienen su origen en la necesidad de superar la paternidad como mero acto de gestación y el abandono consiguiente que han privado durante décadas en México.
La licencia de paternidad, por ejemplo, a pesar de haber sido aprobada desde hace una década, aún no es ejercida por los hombres. No es bien visto ausentarse por enfermedad de un hijo. Los ejecutivos que piden permiso para acudir a una ceremonia de graduación, a una competencia deportiva, a un cumpleaños de su hijo, son los menos.
La competencia feroz por el trabajo obliga a un nuevo tipo de abandono. Ya no aquel del padre ausente que dejó a la familia y se olvidó de ella, sino este que debido a los horarios laborales extensos y extenuantes y a las largas distancias recorridas en las ciudades se queda sin tiempo para compartir la vida con sus hijos.
Los hombres ganamos más, tenemos mejores trabajos y fuimos educados para ser proveedores, pero no para ejercer una paternidad libre de violencia y comprometida con el trabajo del hogar y los cuidados.
Que pronto podamos superar esas taras.
Que pronto dejemos de ser esos hijos errantes en busca de su padre y que dejemos de repetir ese ciclo perverso del que nos cuesta salir.
¡Feliz Día del Padre!
Twitter: @hzamarron
