Movilidad, la disputa en
los medios de comunicación
Por Héctor Zamarrón*
¿Cómo hablar de peatones, ciclistas, transporte público y
movilidad en una sociedad donde ninguno de ellos pinta frente al reinado del
automóvil?
¿Cómo lograr que los reporteros y editores se interesen en
estos temas, que los directivos en los medios acepten asomarse a los nuevos
fenómenos que están ocurriendo en las ciudades más importantes del mundo,
convencerlos de que estamos frente a un fenómeno global?
Hace tiempo, envié a una reportera a cubrir una protesta de un
grupo de ciclistas –los Bicitekas, desconocidos entonces-- contra el segundo piso en el Periférico que el
entonces jefe de Gobierno había anunciado. Ella me miró con cara de sorpresa y
dijo “¿En serio? ¿Y esos quiénes son? ¿Por qué vamos a cubrir eso?”. Otro día,
un directivo de plano me recomendó: “Mejor dedícate a una revista donde puedas
hablar de bicicletas”.
Comenzaba apenas el siglo y era muy difícil convencer a los
medios de que había una tendencia en el mundo, madurando.
Hoy en día, aún es difícil colocar temas de movilidad en la
esfera pública, no tanto como solía ser, pero se batalla en serio.
La explicación es relativamente sencilla, la misma disputa
por el espacio público a la que asistimos todos los días en nuestras ciudades
se refleja en los medios. La omnipresente industria automotriz y todo lo que
conlleva, desde las obras viales hasta la regulación del tránsito, ocupa diez
veces más espacio que la movilidad.
Tanto así que en la radio, la televisión y los diarios hay
suplementos, secciones y programas especiales dedicados a los autos. Cualquier
cosa que pase con ellos es noticia, lo mismo una inversión en una planta que la
modificación o supresión de la tenencia.
Después de todo, los autos mueven a la economía y en México
se vive una fiebre automotriz.
En enero de 2015, la industria automotriz exportó unos 7 mil
500 millones de dólares, poco más de la cuarta parte de las exportaciones
totales mexicanas, según el INEGI.
En la ciudad de México se registran menos nacimientos que
venta de automóviles.
El crecimiento de la industria automotriz parece imparable:
en tres años México será el cuarto exportador de automóviles y el quinto
productor de vehículos motorizados en el mundo, según estima la consultora
Ernest & Young.
Por eso a quienes desde los medios tratamos de visibilizar el
tema de la movilidad nos cuesta tanto. El peso en la economía de las
bicicletas, de los peatones, de los camiones, no pinta frente a este imperio
vehicular, nos enfrentamos a una visión glamorosa de inversiones, tecnología,
empleos, etc.
Sin embargo, las consecuencias que esto acarrea en nuestras
ciudades son evidentes. Vivimos en urbes tomadas por los automóviles, con sus espacios
públicos deteriorados, en un ciclo interminable que, como una rueda, arroja cada
día más vehículos a las calles. Es un bucle que perjudica nuestra salud
contaminando el aire que respiramos, llenando de hollín nuestros pulmones, de
aceite quemado las calles, inundando de ruidos de motores y cláxons sin cesar,
invadiendo las aceras.
Cada vez también, se planean nuevas obras viales para tratar
de aligerar los embotellamientos que ya son una característica distintiva de
las ciudades mexicanas, no importa si hablamos de Tuxtla Gutiérrez o Tijuana,
de Papantla o de Cholula, de León o Querétaro. En todas se viven atascos viales
en horas pico.
Por eso desde los medios, quienes trabajamos en temas de
movilidad, descubrimos que algo está cambiando en el mundo. Un nuevo aroma se
esparce en el aire y hay que estar listos para percibirlo, para participar de
un cambio completo de concepción sobre nuestra vida en las ciudades y nuestra
relación con el espacio público.
Y aunque difícil, el desafío desde los medios es acompañar a
quienes comparten ese descubrimiento en la sociedad: urbanistas, activistas,
funcionarios, artistas, etc., para ir construyendo una nueva cultura de la
movilidad. Vivimos en sociedades mediáticas y hay que visibilizar estos temas
para darles la jerarquía que merecen.
Tras un siglo de predominio del automóvil privado en las
urbes, desde su creación a principios del siglo XX, por fin reaparece la
bicicleta, colocada no como un vehículo para los pobres, sino como una opción
real de transporte y adecuada a los tiempos modernos.
Pero también la bicicleta podría ser lo de menos, lo que de
verdad importa es que tras su impulso hay una visión del mundo diferente, que
ve posible la utopía de contar con ciudades hechas por y para la gente. Una
visión de ciudades humanas donde la primacía la tengan el peatón y la
bicicleta. Una ciudad donde el espacio público esté dentro de lo más preciado.
Donde la equidad importe. Donde pedalear libremente sea posible. Una ciudad
sobre dos ruedas, llena de mariposas porque, como Albert Einstein dijo en una
de esas tardes calurosas en las que dejaba la oficina y salía a pasear en su
Schwim: “La vida es como andar en bicicleta, para conservar el equilibrio hay
que mantenerse en movimiento”.
* Héctor
Zamarrón es un periodista que un buen día redescubrió la bicicleta y cayó
enamorado de ella. Desde 2008 mantiene un blog sobre bicis
(elmanubrio.blogspot.mx), trabaja para el Grupo Milenio en televisión, diario y
web y, cada que puede, viaja por la Ciudad de México en su mariposa.