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jueves, 7 de diciembre de 2017
20 mil km de viaje en "bici" por la ruta de la seda
Más que proeza,
Sonia y Felipe consideran que fue una lección de vida; ambos compartirán esta
experiencia en el Foro Mundial de la Bicicleta, el próximo 19 abril, en la
CdMx.
HÉCTOR ZAMARRÓN
México
A un en tiempos de globalización, cruzar el mar de Mármara, el
Bósforo, Turquía, Irán, India, Nepal y China en un solo viaje es, sin duda, el
viaje de una vida, y más si lo haces en bicicleta.
Los arquitectos mexicanos Sonia Medina y Felipe Mendoza
decidieron seguir la ruta de la seda y tras un viaje de más de 20 mil
kilómetros llegaron a Xi’an, la antigua capital de China, luego de haber salido
desde Ámsterdam uno, y desde Bucarest, ella.
Y
aunque se toparon con el estrés, la contaminación y un tráfico similar al de la
Ciudad de México al llegar a Estambul, la mayor parte de su viaje fue por
caminos secundarios y llenos de naturaleza, de la que aún hablan extasiados en
entrevista para MILENIO.
Recién
llegados a fines del año pasado, después de haber salido desde octubre de 2015,
Sonia y Felipe preparan una presentación de su viaje para el Foro Mundial de la
Bicicleta que comenzará en la Ciudad de México el 19 de abril.
Ambos
participan de la comisión que recibirá a más de 200 cicloviajeros que, como
ellos, se han aficionado a usar la bicicleta como medio de transporte en largas
distancias.
“Sabemos
lo que implica el cicloviaje, en lo que podamos apoyarlos y también daremos una
plática en el foro”, explicó Sonia.
El idioma de señas y la necesidad de hacerse entender en las
antiguas repúblicas soviéticas de Armenia y Georgia no les impidieron seguir
los pasos de otros aventureros, como aquel personaje de Baricco en Seda, Hervé
Joncour, que buscaba traer gusanos de seda a su pueblo en Francia.
Ellos
más bien iban a Oriente para observar cómo a lo largo de ese viejo camino, las
construcciones y las formas de habitar el espacio —al fin arquitectos— marcaron
civilizaciones enteras y la relación de sus habitantes con el entorno, con el
uso de materiales cercanos.
Y
en pos de vivencias, paisajes y aventuras, por supuesto.
Si
bien Marco Polo, el más famoso aventurero de la historia,
hacía una ruta similar, pero saliendo de Venecia, Felipe eligió Ámsterdam como
los burgueses del siglo XVI que llevaron las especias al norte de Europa.
“Y en Irán le gritaban a Felipe ‘¡Marco Polo!’ mientras reían a
carcajadas”, recuerda Sonia. “El mejor piropo que me han hecho”, concluye él.
El
viaje lo hicieron a bordo de bicicletas “de panadero”.
“Al
final estás en medio de las montañas o perdido en el desierto, y si te fallan
los frenos, entre más básica sea la bici es más fácil repararla. Tú eres el
único mecánico disponible y así conseguir refacciones es más fácil”, argumentó
Felipe.
Tampoco
invirtieron mucho dinero en su periplo gracias a Warmshowers, una red de
cicloviajeros que alrededor del mundo ofrecen, una cama y regadera para los
ciclistas que van de paso.
Pero
también a la generosidad de la gente.
“Teníamos
unos patrocinadores fantásticos, la gente que encontrábamos en el camino y
también otros ciclistas que hallábamos al paso, toda una red”, dijo Felipe.
Dormían
en medio de las montañas, en tiendas de campaña y donde podían, sin temor
alguno, excepto a los animales nocturnos y una vez a un grupo de jóvenes en
motonetas que los persiguió en la India (solo querían tomarse una selfie con ellos).
La
comida tampoco fue un gran problema, incluso, narra Sonia, en los campos y
sembradíos de China tomaban directamente de los cultivos frutas y verduras para
comer. Solo en India resintieron un tanto la abundancia de especies en los
guisos y la falta de proteína.
“Como
todos los viajes, depende del tipo de viaje que quieran hacer. Cambia cuando en
vez de viaje se convierte en tu forma de vivir. Fue un año que al final se
despliega en varios años de tu vida”, razona Felipe.
Parte
de la historia la adelantó Sonia en el portal de Cletofilia y la documentaron
en imágenes que subieron a su página https://rodarespacios.wixsite.com/seda y
divulgaron en su cuenta de Twitter @rodarespacios.
En
una vieja libreta de pasta dura, el germen de un próximo libro, Sonia atesora
su bitácora llena de trazos, croquis y dibujos de esos meses pasados en tierras
del antiguo imperio otomano, la dictadura soviética, la tierra de los zares,
las dinastías chinas.
La
arquitecta dice que del viaje le queda “muchísmo aprendizaje. Mientras más nos
vamos acercando a lo que eran las antiguas civilizaciones, más nos damos cuenta
de que todos somos iguales y estamos de alguna u otra manera conectados. Que
nuestras formas de vivir vienen desde el Oriente”.
Para
ambos, más que una aventura ciclista o una proeza deportiva donde cruzaron 24
países y más de 20 mil kilómetros, se trató de un viaje que les deja
aprendizajes y lecciones de vida.
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