Expectantes, los curiosos observan cómo el fotógrafo introduce
los brazos por los costados de la caja oscura mientras, la plata se descompone
en yoduro y bromuro y la imagen se va fijando en el vidrio. De repente, extrae
la imagen al colodión húmedo y la exhibe frente al público.
La magia está hecha.
La magia está hecha.
Es tarde ya en la plaza del Expiatorio del centro de Guadalajara pero el puesto de este italiano alto y delgado se llena de público cuando Simona Fantauzzi, su ayudante, disfraza al modelo para acentuar ese efecto antiguo que dan estas fotografías, hechas con técnicas de hace 150 años.
Ambos salieron de Italia hace casi un año con una meta.
“Fuimos directamente a San Francisco, con una idea precisa, comprar un camión escolar que conseguimos a muy buen precio”, explica Alessandro Parente.
El camión serviría a la vez de cocina y estudio fotográfico, porque Simona es repostera y durante el viaje busca ingredientes autóctonos para mezclarlos en sus recetas italianas, como la “Zuppetta di frutta con Quenelles di Requeson e Cantucci Toscani”, en la que mezcla el queso con tequila, papaya, mango y guayaba.
“En Italia la comida es parte de la cultura, todos saben de cocina. La gente come muy bien, con mucha calidad, por eso cuando estás en el extranjero siempre quieres volver a tu comida”, dice en su español salpicado de palabras en italiano.
“Yo no quiero comprar productos italianos en México solo porque extraño un queso o una salsa. Mi búsqueda es encontrar productos locales, que son ricos, y utilizarlos con las recetas italianas. Por lo que tiene que ver con la repostería, inventar platillos nuevos que mezclan mis técnicas, lo que aprendí de cocina italiana y conocer la calidad de las comidas que hay aquí”, agrega.
Hicieron escala en Guadalajara en su camino a Michoacán, donde pretenden pasar el Día de Muertos, para después seguir hacia Cherán, la comunidad indígena en rebeldía. Antes estuvieron en Tijuana, documentando la migración hacia Estados Unidos, porque ese es otro de los propósitos de su viaje.
No vendemos nuestras fotos, explica Simona, somos artesanos, pero pedimos una cooperación sugerida para poder seguir con nuestro proyecto.
“Queremos que la gente conozca esta técnica antigua, por eso hacemos talleres y acudimos a plazas públicas a mostrar nuestro trabajo”, dice Alessandro.
Agrega: “Con nuestro viaje queremos hacer un reportaje y mostrar todas las diferentes maneras de vivir en México.
“Cuando se habla de que otro mundo es posible, hablamos de gente que practica otro estilo de vida que no es el capitalista, un estilo diferente más cerca de la tierra.
“Hablamos de todas aquellas realidades en resistencia que en América Latina se basan en el principio de la diversidad, porque incluso esta está en riesgo, amenazada por una cultura que pretende hacer todo más productivo.”
--Pero no solo eso –interrumpe Simona-. Sino también de quien decide tomar la bicicleta en la ciudad, porque se trata de una lucha donde la gente decide no ser obligada a usar el camión o salir con el carro. O peor, a tener un carro.
Llegaron a Jalisco atraídos por la realización de un encuentro de organizaciones ciclistas de Estados Unidos, Canadá y México, sobre todo, que llevan a cabo talleres en el evento llamado Bike Bike, una fiesta de contracultura y bicicletas, donde estas son vistas como una herramienta de cambio sociul.
El colodión húmedo
Alessandro estudió fotografía de moda y escenografía en
Italia y Argentina, pero “siempre estuve más cerca de la fotografía
antropológica y documentalista”, dice.
Él mismo hizo su equipo, cámara, caja oscura y laboratorio portátil, al igual que hace casi dos siglos, cuando los fotógrafos trashumantes recorrían pueblos en busca de personajes interesantes para retratar.
-- Revisé muchos libros de 1800 y de ahí los copié --explica.
“A esta técnica se le conoce como colodión húmedo porque tenemos que sacar la foto cuando todavía está húmeda, todo el tiempo debe mantenerse así la placa, desde que la preparas hasta que terminas”.
Después de enfocar, iluminar y componer la escena se le pide al modelo que aguarde al menos 20 segundos sin moverse para poder imprimir la imagen. “Sacamos del nitrato de plata el vidrio y ahora ya es fotosensible, como si fuera una película fotográfica”.
Nada que ver con el 1/8000 de segundo que tarda una Cannon moderna en tomar el paso de un avión.
“El viento es nuestro peor enemigo. Se nos caen las lámparas, se ensucia el vidrio, se estropean las imágenes”, dice.
-- ¿Y la lluvia?
--Bueno, con esa uno cierra y ya.
Su puesto incluye una zona para tomar fotos, iluminada con lámparas con sombrilla; la caja oscura portátil; la cámara de madera fijada a un tripié hechizo también de madera y una mesa donde exhiben los retratos de su viaje, incluidos una docena de la propia Simona, de ojos grandes.
Aquí tenemos un negativo y vamos a hacer la magia, describe Alessandro mientras saca la placa de la cámara y la lleva a revelar en una bandeja al lado.
“Hace un siglo se utilizaban calentadores de alcohol para fijar la imagen. Lo intentamos, pero se te quema la foto o se te derrite el barniz, entonces este calentador eléctrico fue nuestra mejor opción”, explica.
El colodión, una suerte de barniz, se vierte sobre el vidrio para crear una película plástica que al contacto con la plata se vuelve fotosensible.
“Adentro del colodión están sueltos unas sales de potasio que reaccionan con el nitrato de plata y desarrollan unos halógenos de plata. La plata cambia en bromuro y yoduro de plata que permiten tener una escala tonal, un gris claro, un gris medio y un gris oscuro, para que nos dé una imagen en escala de grises”, expone el fotógrafo.
El Grillobús y
Gonzalo Guerrero
El viaje de Alessandro y Simona lleva acumulados más de 3
mil kilómetros y sus próximas paradas los harán recorrer al menos otros 2 mil
400 a bordo del viejo camión, un International adquirido en Oakland.
“Queremos ir a San Luis Potosí, conocer Wirikuta y acercarnos más a ese punto sagrado de los wixárikas (huicholes), bajar por Guerrero, visitar Iguala e ir a Chiapas”, describe entusiasta este fotógrafo de moda que encontró en el colodión húmedo su propio lenguaje.
Su proyecto se llama Gonzalo Guerrero El Grillo (y así se puede encontrar su blog en Wordpress o su página de FB).
“Lo llamamos así por un libro que leímos. Gonzalo Guerrero es una persona que vivió realmente, en la época de la Conquista. Era un soldado español que resultó herido en una batalla y fue rescatado por los mayas. Se acercó tanto a su cultura que hasta llegó a ser chamán y luchó al lado de ellos”, explica.
Simona añade: “El Grillo era un pirata, el terror de los mares. Cuando él murió muchos otros piratas tomaron su nombre y así nunca se extinguió su leyenda”.
La leyenda cuenta que Gonzalo Guerrero, además, es el papá del primer hijo mestizo en América, por eso ambos buscan registrar la diversidad de México en sus fotografías y en sus platillos.
Su autobús es a la vez una cocina, un estudio fotográfico, una biblioteca y un taller. De su viaje pretenden escribir un libro, quizá en 2019, cuando esperan volver a Italia.
Mientras tanto, visitan todas las realidades que pueden en su investigación sobre la importancia de las diferencias en la cultura, la cocina y la tierra.



